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José Cruz Conde,  

el  Director de la Exposición 

José Cruz Conde Fustegueras (1878-1939) fue un militar y político, perteneciente a una hacendada familia cordobesa, que, más que por su carrera en el ejército, durante la que intervino en la Guerra de Marruecos, destacó por su actividad política asociada al régimen de Primo de Rivera, quien le nombró alcalde de Córdoba (1924-1925), gobernador civil de Sevilla (1926-1929) y máximo responsable de la Exposición Iberoamericana (1926-1930), primero como comisario regio y luego como director.

 

A pesar de que, por sus abusos de poder y sus hábitos de vida, fue muy criticado en Sevilla, se le reconoce el haber hecho que la Exposición llegara a feliz término gracias al apoyo del régimen, cuya caída a finales de enero de 1929 motivó su dimisión.

José Cruz Conde fue el máximo responsable de la Exposición Iberoamericana de Sevilla entre enero de 1926 y finales de enero de 1930, primero como comisario regio y luego como director.  

 

Por sus éxitos en la gestión de la alcaldía de Córdoba, Primo de Rivera confió en él para culminar las obras del certamen, que estaban muy retrasadas teniendo en cuenta que su inauguración estaba prevista para el 17 de abril de 1927.

 

A fin de facilitarle su labor, el general le nombró también gobernador civil de Sevilla, confiriéndole así un poder total frente a las entidades locales de la provincia y sobre todo frente al Ayuntamiento de Sevilla que hasta la fecha había sido el encargado de la Exposición Iberoamericana.

Gracias al apoyo del régimen, Cruz Conde pudo actuar con gran libertad, mano de hierro, energía y determinación, ejerciendo un control pleno sobre todo lo relacionado con la muestra, especialmente sobre sus obras, los órganos de gestión, el personal y su dotación presupuestaria.

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A su llegada al cargo, las obras pasaron a ser competencia directa de la Comisión Permanente. Como primera medida, para conocer la viabilidad de la fecha prevista para la inauguración, encomendó a Félix Ramírez Doreste que realizara un informe sobre el estado de las obras del recinto (con expresa indicación de las cuestiones pendientes y económicas, indicando los gastos producidos y previstos. Cruz Conde ejerció un amplio control sobre el desarrollo de las obras, teniendo libertad para ejecutar por administración las inferiores a 7.500 ptas. y para ordenar cualquiera inferior a 5.000 ptas. así como para adoptar acuerdos de urgente resolución.

 

Cruz Conde reorganizó la Comisión Permanente del certamen, controlando también las distintas comisiones que se formaron. Facultado por el gobierno para ello, hizo nuevos nombramientos de personal de la exposición, tanto de plantilla como subalterno. Tres actuaciones fueron especialmente significativa: el nombramiento de Francisco Sánchez-Apellániz y Fernández como secretario general de la Exposición; el paso de Aníbal González a asesor técnico del Comité Ejecutivo y el nombramiento como arquitecto director del castellonense Vicente Traver y Tomás, a quien acompañó con asiduidad en sus visitas de obra, para controlar de primera mano su desarrollo.

José Cruz Conde acompañado de Francisco Sánchez-Apellániz. recién nombrado Secretario de la Exposición Iberoamericana (Archivo de la Familia Sánchez Apellániz)-

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El rey Alfonso XIII, acompañado del comisario José Cruz Conde y el  arquitecto Vicente Traver, visita las obras del pabellón de Sevilla, el 6 de diciembre de 1928 (ICAS-SAHP, Fototeca Municipal de Sevilla, fondo Serrano).

Considerando la imposibilidad de que con sus propios recursos el Ayuntamiento pudiera acometer la Exposición, Cruz Conde promovió la nacionalización definitiva de la Exposición Iberoamericana, que se concretó por Real Decreto de 10 de marzo de 1926. Gracias a su intervención, por Real Decreto de 20 de septiembre de 1926, el gobierno suministró nuevos fondos para Sevilla y para la Exposición.

Como gobernador de Sevilla en varias ocasiones intervino sobre la composición de la corporación municipal. Lo hizo, la primera vez a comienzos de 1926, cuando sustituyó al alcalde Vázquez Armero por Pedro Armero Manjón, conde de Bustillo, así como a distintos concejales; un segundo momento, y de forma más profunda, en el verano de 1927, cuando después de la dimisión de algunos concejales nombró alcalde a Nicolás Díaz Molero y llenó las concejalías de miembros de la UC.

Aunque inicialmente fue bien acogido en Sevilla, que llegó a pedir para él el título de marqués del Guadalquivir, por su omnímodo poder en la gestión de los asuntos de la exposición y por sus desmanes personales (de fastos, despilfarros y orgías) se ganó la antipatía de diferentes sectores de la sociedad local. Sevilla, que le conocía como “el Ladrón del Gran Poder”. Especialmente fuertes sus choques con el prelado (cardenal Segura) y con el capitán general (el infante don Carlos de Borbón).

 

Apenas tres meses antes de la inauguración, en febrero de 1929, ya habiendo cambiado la denominación de su cargo a director de la Exposición, su poder se vio bastante mermado a consecuencia de que Primo de Rivera, presionado por Alfonso XIII, le destituyera como gobernador a raíz de un problema de competencias con el infante don Carlos, a la sazón capitán general. Su poder en los meses siguientes y hasta final de enero de 1930 tuvo un poder sensiblemente menor que en los años precedentes.

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José Cruz Conde conversa con Primo de Rivera y otros asistentes al acto de inauguración de la Exposición Iberoamericana en la Plaza de España, el 9 de mayo de 1929, antes de este (fot. Archivo de la Familia Sánchez Apellániz)

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Visita de José Calvo Sotelo, ministro de Hacienda, al Pabellón del Cultivo del Tabaco el 10 de octubre de 1929 (fot. de Serrano. qArchivo Familia Sánchez Apellániz).

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El general Carmona, Primo de Rivera y la delegación portuguesa en la Exposición, en el patio del Pabellón de Portugal. 23 de octubre de 1929 (fot. de Serrano. Archivo Familia Sánchez Apellániz).

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Visita del presidente de Portugal, el general Carmona a la réplica de la Santa María, acompañado por el primer ministro de Portugal Artur Ivens Ferraz, el comandante Julio Guillén y el comisario regio, José Cruz Conde. 24 de octubre de 1929 (©ICAS-SAHP, Fototeca Municipal de Sevilla, fondo Sánchez del Pando).

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Almuerzo de la delegación de la República Dominicana con José Cruz Conde, director de la Exposición, el 7 de noviembre de 1929 (fot. de Serrano, Archivo de la Familia Sánchez Apellániz).

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José Cruz Conde con la infanta Isabel y sus acompañantes en la Sala del Submarino de Peral el 12 de noviembre de 1929 (fot. Serrano. Archivo de la Familia Sánchez Apellániz).

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Cena en honor a Enriqueta Garland de Graña, en el Restaurante Andalucía.11 de noviembre de 1929  (fot. de Serrano. Archivo de la Familia Sánchez Apellániz).

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El 21 de noviembre de 1929, José Cruz Conde acompaña a los delegados de los pabellones americanos y representantes del Comité de la Exposición expresan sus condolencias por las desgracias generadas por la erupción del volcán Santa María (fot. de Sánchez del Pando. Archivo de la Familia Sánchez Apellániz)

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José Cruz Conde, el Archiduque Alberto de Austria, Francisco Sánchez Apellániz y el marqués de Torre de Mendoza, durante su visita a la Plaza de España el 28 de noviembre de 1929 (fot. de Dubois. Archivo Sánchez Apellániz) 

El sábado 18 de enero, los funcionarios de la Exposición organizaron un almuerzo en el Casino de la Exposición en honor a Cruz Conde para celebrar su cuarto aniversario al frente del certamen. Unas dos semanas después. Cruz Conde dimitiría del cargo.

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Almuerzo en el Casino de la Exposición en homenaje a Cruz Conde el 18 de enero de 1930 (fot. de Dubois. Archivo de la Familia Sánchez Apellániz).

De hecho, a raíz de la dimisión de Primo de Rivera, el viernes 31 de enero José Cruz Conde, se encontró en Madrid con el recién nombrado presidente del Gobierno, general Berenguer. En aquel encuentro, en el que Berenguer planteó a Cruz Conde la posibilidad de mantenerlo al frente de la Exposición hasta su clausura, este presentó su dimisión. Con ello la muestra entraría en su fase final con Carlos Cañal Migolla como Comisario Regio-Presidente,  con distintas consignas políticas. 

Al estallar sublevación de 1936, gracias a las amistades que hizo durante su etapa al mando de la exposición, pudo huir de su domicilio en Madrid y asilarse en diversas embajadas iberoamericanas. Falleció en la capital, en enero de 1939, cuando la guerra civil no había aún acabado.

Amparo Graciani García

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